Acompañamos a cientos de empresas y entidades de gobierno en la protección y recuperación de su información crítica.
La experiencia acumulada en escenarios reales, con grandes volúmenes de datos y situaciones de alta presión operativa nos permite responder con certeza cuando ocurre un incidente y la continuidad del negocio está en juego.












La inversión se justifica por el riesgo que protege. Una pérdida de información puede paralizar la operación, afectar la facturación, generar incumplimientos contractuales y dañar la reputación.
En muchos casos, un período prolongado sin operar puede incluso llevar a la quiebra. Este servicio existe para prevenir ese escenario y asegurar la continuidad del negocio cuando ocurre un incidente real.
Muchas empresas piensan que no son un objetivo, pero los ataques y las pérdidas de información no siempre son personales ni dirigidos. El ransomware, el phishing y los errores humanos suelen ser masivos, automáticos o circunstanciales.
También existen riesgos internos, como acciones maliciosas de personas con acceso legítimo a la información. No importa el rubro ni el tamaño: basta con tener información valiosa y sistemas expuestos. La prevención no parte de la desconfianza, sino de asumir que el riesgo existe y gestionarlo antes de que sea demasiado tarde.
Muchas soluciones almacenan información, pero no garantizan una recuperación rápida y efectiva.
En incidentes reales, la diferencia está en poder recuperar exactamente lo necesario, en el momento correcto y con apoyo técnico directo, no solo en tener una copia guardada.
Muchas soluciones funcionan bien en condiciones normales, pero no están pensadas para incidentes graves.
Cuando ocurre un ataque, una falla mayor o una pérdida masiva de datos, aparecen las limitaciones: tiempos de recuperación largos, falta de soporte humano o imposibilidad de responder bajo presión. Este servicio existe para cubrir esos escenarios críticos y asegurar que la empresa pueda recuperarse y seguir operando.
Mientras no ocurre nada, siempre parece que hay tiempo. El problema es que cuando ocurre un incidente, ya es tarde para decidir.
Estar sin resguardo o contar con un respaldo débil puede ser la diferencia entre una empresa que sigue operando y una que pierde miles de dólares, daña su reputación o incluso no logra recuperarse. La decisión no es urgente hasta que lo es, y en ese momento ya no hay margen de maniobra.

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